La actividad pesquera artesanal es el sustento de cientos de familias en la provincia de Pisco, pero también genera residuos que, mal gestionados, pueden terminar en el mar y degradar el ecosistema del que dependen: afectan el hábitat de las especies, comprometen la inocuidad de los productos que se desembarcan y ponen en riesgo la salud de las propias comunidades. Solo en el Desembarcadero Pesquero Artesanal (DPA) de San Andrés se generan cerca de 144 kilos de residuos al día, de los cuales una parte considerable es aprovechable; sin embargo, la ausencia de segregación en la fuente hace que materiales reciclables como plásticos, cartón o redes terminen mezclados y, muchas veces, vertidos al mar.Frente a este desafío, y en el marco del Proyecto GEF Humboldt II, se impulsó un proceso de sensibilización y una campaña de reciclaje con las comunidades pesqueras de los DPA de San Andrés, Laguna Grande y Lagunillas, orientado a fortalecer la gestión de residuos y a reducir la cantidad de desechos que ingresan al mar. La iniciativa forma parte de las acciones del proyecto para mejorar la calidad ambiental de los ecosistemas marino-costeros y apoyar la implementación de los planes de manejo de residuos de estos desembarcaderos.
Este proceso tiene su origen en 2024, cuando a través de una consultoría realizada en el marco del Proyecto GEF Humboldt II, se realizó la caracterización y el diagnóstico de la generación de residuos sólidos y de recursos hidrobiológicos en los tres desembarcaderos, a partir de lo cual se elaboraron sus planes de manejo de residuos. Desde 2025, el proyecto acompaña la implementación de estos planes mediante acciones de sensibilización, capacitación y práctica en el territorio.
Sensibilizar desde el territorio
El proceso partió de un trabajo cercano con las y los usuarios de los desembarcaderos. En noviembre de 2025 se desarrollaron cuatro talleres de sensibilización —uno en cada sede— que reunieron a 82 participantes, entre pescadores artesanales, fileteadoras, estibadoras, comerciantes y servidores públicos. Bajo una metodología participativa, las y los asistentes revisaron de forma sencilla el marco normativo y la problemática de los residuos en su propia caleta, identificaron colectivamente qué buenas prácticas ya realizaban y qué les faltaba mejorar, y cerraron con la dinámica «El reto del saco verde», en la que cada persona asumió un compromiso concreto con la gestión responsable de los residuos.
Los talleres permitieron reconocer las realidades particulares de cada desembarcadero: en San Andrés, el de mayor actividad, ya se reciclan botellas y se segregan residuos hidrobiológicos; en Laguna Grande, el compañerismo y el equilibrio de género destacan como fortalezas para organizarse; y en Lagunillas, los propios pobladores gestionan los residuos de manera comunitaria, con jornadas de limpieza periódicas y medios propios.
El Ing. Jorge Mucha, representante del Ministerio del Ambiente (MINAM), destacó el éxito de la ruta de sostenibilidad, la cual viene fortaleciendo las capacidades y el compromiso de los usuarios de los DPA de San Andrés, Lagunillas y Laguna Grande para una gestión más sostenible. Asimismo, enfatizó la importancia de una gestión adecuada de residuos sólidos como pilar fundamental para salvaguardar el hábitat de las especies marinas y asegurar la inocuidad alimentaria de los productos.
La campaña que convirtió el compromiso en resultados
Sobre la base de esa sensibilización, el compromiso se llevó al mar con la campaña piloto «Reciclatón DPA San Andrés», desarrollada en este desembarcadero por ser el que presentaba las mejores condiciones para ponerla en marcha. Cada embarcación inscrita recibió un kit de reciclaje —tacho verde con tapa, sacos de rafia, bolsas negras para los residuos no aprovechables y una balanza digital de mano— para segregar los residuos a bordo durante la faena, pesarlos y retornarlos al punto de acopio del desembarcadero. El registro se realizó con fotografías y videos enviados por los propios pescadores a través de un grupo de WhatsApp, un mecanismo flexible y adaptado a las condiciones reales del trabajo en el mar.
Entre fines de marzo y mayo de 2026, 33 embarcaciones artesanales se sumaron de manera voluntaria y sin incentivos económicos directos, y retornaron al desembarcadero 370 kilos de residuos que, de otro modo, habrían podido terminar en el mar, contaminando el hábitat de las especies y amenazando la inocuidad de los productos que llegan a las mesas peruanas.
El liderazgo de las organizaciones pesqueras fue determinante: AFREMARPA participó con once embarcaciones y concentró los mejores resultados de la campaña, mientras que AGPAEMSAP aportó la mayor delegación, con trece embarcaciones, además de su presencia activa en los talleres de sensibilización. Las embarcaciones «Bendición de Dios», «Jesús es mi Guía» y «Villalobos» lideraron los resultados, con hasta diez salidas registradas durante la campaña.
El biólogo Arturo Gonzales, Especialista en Biodiversidad del Proyecto GEF Humboldt II, señaló que el volumen de residuos recolectados constituye un valioso punto de partida que evidencia el alto grado de compromiso de cada participante. Asimismo, expresó su expectativa de que esta experiencia motive a más miembros de la comunidad a sumarse a acciones en favor de la conservación marina.
Un mural para sellar el compromiso
Como cierre simbólico del proceso, la comunidad pesquera de San Andrés develó el mural artístico-ambiental «Un mar enfermo no es productivo, cuidemos nuestro mar», ejecutado por el artista plástico Gary Medina y co-creado con las y los usuarios del desembarcadero: en un taller participativo, las organizaciones pesqueras y demás usuarios aportaron los elementos clave que la obra debía expresar. Más que una obra decorativa, el mural quedó instalado en el muelle como una herramienta viva de educación ambiental que recuerda, cada día, el compromiso colectivo por un mar saludable.
«El cambio no empieza en las grandes infraestructuras, sino en la mente, en el hábito y en el corazón de cada usuario de este desembarcadero», señaló durante la ceremonia el Ing. Carlos Huarhua, en representación de la Dirección Regional de la Producción de Ica.
De esta manera, el proceso impulsado en los desembarcaderos de Pisco —de la sensibilización a la acción y de la acción al símbolo— refuerza el rol de las comunidades pesqueras como aliadas en el cuidado del mar del que depende su sustento.