En el litoral sur del Perú, la colecta de sargazo (Macrocystis pyrifera) se ha consolidado durante la última década como una fuente de ingresos complementaria para las comunidades pesqueras artesanales, que recogen el alga varada en las orillas para venderla como materia prima. Sin embargo, la caída de los precios del recurso —que según las propias organizaciones pasó de S/ 2,200 a S/ 500 por tonelada— ha reducido significativamente los beneficios que las familias obtienen de esta actividad. . Frente a este escenario, la generación de valor agregado —como la producción de biofertilizante a partir del sargazo— abre la posibilidad de que las propias organizaciones transformen el recurso y capturen un mayor beneficio económico, en lugar de depender únicamente de su venta en bruto.
Con ese propósito, y en el marco de las acciones del Proyecto GEF Humboldt II orientadas a la diversificación productiva y la agregación de valor, se desarrolló el Curso Especializado en “Ensilado y Producción de Biofertilizante de Sargazo” en el Centro de Innovación Productiva y Transferencia Tecnológica (CITE) Pesquero Callao, los días 5 y 6 de mayo de 2026.
La actividad congregó a representantes de siete grupos organizados de las provincias de Pisco y Paracas dedicados a la colecta de sargazo mediante acuerdos de conservación con la Reserva Nacional de Paracas (SERNANP). Asimismo, participaron representantes de la Federación de Mujeres Empoderadas de la Pesca Artesanal del Perú (FIMEPAP), en el marco de las acciones del proyecto orientadas a fortalecer las capacidades organizativas y de incidencia de las mujeres en la pesca artesanal.
«En el Proyecto Humboldt II creemos que fortalecer las capacidades es una estrategia que nos permite mejorar la relación de los pescadores y las pescadoras con el recurso y con el mar. De esta manera, los ayudamos a dar mayor valor a sus productos, con un mejor procesamiento y mejores técnicas, y también a impulsar su articulación comercial en los mercados, especialmente con esta mirada del biofertilizante de algas marinas», señaló Karla Calderón, Especialista en Diversificación Productiva del Proyecto Humboldt II.
Durante la primera jornada, las y los participantes abordaron la problemática de la actividad pesquera desde la perspectiva de la economía circular y conocieron los fundamentos del ensilado biológico de algas: el papel de las bacterias lácticas y la melaza en el proceso de fermentación, el control del pH como parámetro crítico de calidad, los costos de producción y el potencial de comercialización del biofertilizante como insumo agrícola.
La segunda jornada marcó el paso de la teoría a la práctica. Siguiendo los protocolos de bioseguridad e inocuidad del CITE, los grupos ingresaron a planta para ejecutar el flujo completo de elaboración del biofertilizante: control de calidad de los insumos, molienda, mezcla y preparación de la fermentación, culminando con la evaluación sensorial del producto final. Esta experiencia les permitió consolidar los criterios técnicos necesarios para replicar el proceso en sus territorios.
«Creemos que es importante la capacitación permanente en toda la cadena productiva, y principalmente en la parte artesanal, porque existe un conocimiento que ha sido trabajado durante mucho tiempo, que está ahí, pero que muchas veces no llega a los usuarios», destacó Alberto Salas Maldonado, Director del CITEpesquero, Acuícola y Agroindustrial Callao.
Desde la experiencia de las organizaciones participantes, Gloria Martínez, Presidenta de la Asociación APARLAN de Pisco, subrayó el impacto de la formación: «La capacitación ha sido muy buena y muy innovadora para nosotros. Teníamos una idea y usábamos un método antiguo, pero ahora que hemos aprendido a trabajar con las algas lo estamos haciendo de manera más modernizada. Todo esto nos ha enriquecido y nos permite hacer el efecto multiplicador hacia nuestros socios».
Al cierre de la actividad, un conversatorio participativo permitió a los grupos compartir sus aprendizajes e identificar los desafíos para implementar el proceso en sus comunidades, como la articulación del aprovechamiento del sargazo con la planificación productiva de cada organización y la construcción de canales de comercialización en mercados agrícolas locales. En este espacio, varias participantes destacaron una nueva perspectiva sobre su rol en la cadena de valor del mar: ya no solo como colectoras del recurso, sino como productoras de insumos de alto valor agronómico.
«Nosotras, como mujeres, transmitimos a muchas otras mujeres que vengan a capacitarse y diversifiquen, no solamente en algas, sino también en otros productos sanos y ecológicos», afirmó Jenny Pizarro, Presidenta de la Asociación REALMAR de Marcona.
Como resultado del curso, se establecieron compromisos concretos: los grupos desarrollarán pruebas piloto de producción de biofertilizante con el sargazo disponible en sus zonas de pesca. Asimismo, la producción de biofertilizante será integrada como línea de diversificación dentro de los planes de negocio elaborados mediante el programa Creciendo con su Negocio, facilitando el acceso al capital semilla para su equipamiento y puesta en marcha.
Con estos aprendizajes, las organizaciones de Pisco y Marcona dan un paso concreto hacia la transformación local del sargazo, una alternativa para mejorar sus ingresos a partir de un recurso que ya conocen y manejan de manera sostenible.